Pasan los segundos...
Pasan los minutos...
Las horas se hacen eternas y los días interminables cuando tu no estás. Todo arcoiris se torna gris y las risas no son suficientes para mantener viva la ilusión de creer. Las paredes de mi habitación se vuelven enormes y las heladas lágrimas recorren mi rostro hasta llegar a mi corazón y volverlo hielo. Mis ojos llorosos no ven más que oscuridad en un día sin sol, una noche sin luna y un cielo sin estrellas.
Con su friolenta mano la soledad acaricia mi pecho mientras el silencio me susurra al oido el recuerdo de tu ausencia.
Mis propios deseos se convirtieron en los barrotes de la jaula que aprisionaban mis sueños. El tic tac del reloj dejó de sonar, sus manillas se quedaron estáticas y el tiempo se congeló.
Cada lágrima era un 'te quiero' reprimido que se escapaba en forma de dolor. Sólo tu recuerdo era la fortaleza que me protegía del disturbio que me hacía extrañarte.
La lluvia de tristezas mojaba mi piel y también mi corazón; una cara sonriente acompañada de tu nombre era lo que adornaba mi empañada ventana; ventana por la que cada mañana te buscaba, en la que cada tarde te esperaba, en la que cada noche te recordaba.
Sólo el imaginar encontrarte a mi lado cada día al despertar, el abrazarte sin abrazarte y tu mirada reflejada en la mía era lo que me mantenía de pie y me daba la fuerza necesaria para esperar hasta que llegues tu.
Pasaba por curiosidad por este blog y me dije: Guao! Este post es una especie de crónica de un "corazón que espera" jeje!
ResponderEliminarEsta bien enfocado, me gustó. Éxito!
wow no habia visto el coment.... muchas gracias =D
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